Además, aparte del clásico partidito de fútbol-sala del sábado, aproveché también para estrenarme en Bruselas en otro deporte que me apasiona, el baloncesto. Organizamos una pachanguita en el Parque Leopold, al lado del Parlamento Europeo, y al final se nos fue un poco de las manos porque nos juntamos casi 15 personas (suerte que había tres pistas). Estuvimos dándole a la canasta casi dos horas y tengo que reconocer que acabé agotado. Sólo diré que las agujetas me duraron cuatro o cinco días.
Un día después llegaban los papis con sed de aventura. Tras la experiencia del año pasado en Chicago, con los viajes a Nueva York, Toronto y las Cataratas del Niágara, este año se presentaba la segunda parte, con paradas en Bélgica, Alemania y Holanda. Este año, sin embargo, se ha echado en falta la presencia del 'brother', pero claro, entre las oposiciones y el pequeño Arnau, el tema estaba complicado.
El primer día lo dedicamos a explorar el centro de Bruselas, con la Grand-Place, el Manneken Pis, la Catedral, el Palacio Real y otros sitios característicos de la ciudad. Como no podía ser de otra manera en Bruselas, y para hacer la visita más típica si cabe, se nos unió la lluvia. Tras el recorrido, volvimos de regreso a casa ya que el viernes tocaba hacer maletas para la primera parada del viaje, Berlín. Por cierto que me llamó la atención uno de los souvenirs que venden en las tiendas aquí en Bruselas, un taza con la inscripción: "Belgium, where rain is typical". No hace falta saber mucho inglés para entender que aquí lo normal es que llueva...





